sábado, 18 de febrero de 2017

Piscis - Los Peces del Éufrates

Hoy a las 08:32 AM, el Sol entra en Piscis; Stgo., Chile 11:32 AM GMT

Los dos peces que representan al Signo en el Zodíaco nadan en direcciones opuestas, aunque permanecen unidos por una cuerda que ata sus colas.
En la antigua Mesopotamia, se hablaba del Signo de la Correa y en Babilonia, de la constelación de Kun, las Colas de los Peces. También se le identificaba con el dios Ea, mitad pez y mitad humano, a quien se lo mostraba con un hombrecillo en una mano y una escuadra en la otra.
En otra versión, los dos peces aparecen empujando un huevo gigante desde las aguas del Éufrates, del cual surge la diosa Atargatis. En agradecimiento, la deidad de Asia Menor consagrada a la fertilidad toma, junto a su hijo-amante Ictio, la forma de los peces en el firmamento.

Piscis - Johfra Bosschart
Para los griegos, los dos peces habían sido puestos en la constelación de Piscis luego de que salvaran a la diosa Afrodita y a su hijo Eros, cuando fueron perseguidos por el monstruo marino Tifón y debieron huir arrojándose al río Éufrates.
Tifón era hijo de Gea, la Madre Tierra, y de Tártaro, uno de los adalides del mundo subterráneo.  Pertenecía al linaje de las criaturas primordiales contra las que Zeus habría de enfrentarse antes de establecer el orden olímpico. Gigantesco y aterrador, su cabeza rozaba las estrellas y con sus brazos extendidos podía tocar a la vez Oriente y Occidente, ya que sus manos remataban en cabezas de dragones en lugar de dedos. Cuando echó a correr hacia el monte Olimpo, los dioses huyeron aterrados y se dirigieron a Egipto donde adoptaron formas de animales:  Zeus se transformó en un macho cabrío; Apolo, en un cuervo; Dionisios, en una cabra; Hera, en una vaca blanca; Artemisa, en un gato; Ares, en un oso; y Hermes, en un ibis.

Afrodita se hizo acompañar de su hijo Eros, con quien saltó al río Éufrates en momentos en que eran perseguidos por Tifón.  Allí dos peces les prestaron sus formas, poniéndoles a salvo.

El monstruo marino fue derrotado más tarde por Zeus en una lucha en que este último usó varias veces el rayo para aplastarlo y reducirlo, arrojándole encima el monte Etna, donde las llamas dan cuenta de los rugidos del Tifón prisionero.

Los peces, en tanto, fueron emplazados en la constelación de Piscis para conmemorar la salvación.

La pauta de vida de los Piscis

Tifón, el monstruo de quien la diosa Afrodita y su hijo Eros huyen disfrazándose de peces, también era un pez sagrado.

En el mito hay por tanto una investidura que comparten perseguidor y perseguido que se actualiza en la biografía de los piscianos bajo las formas de víctima o redentor.
Un representante del Signo puede identificarse con lo primero y convertirse en alguien a quien la vida ha destrozado. O puede quedarse fijado en lo segundo y transformarse en el salvador que redime el sufrimiento del mundo. En cualquiera de los dos casos no hay mucha diferencia, ya que se trata de las caras de una misma moneda: el pez voraz Tifón y el Eros que huye convertido en pez son finalmente hijos de la Gran Madre arquetípica (Gea o Afrodita), quien secretamente está por detrás del sacrificio y la disolución del héroe, llamándola a volver al útero a fin de renacer.

Las imágenes de salvador, víctima y monstruo devorador son parcelas internas que aluden en último caso al pecado, la condena y la redención.

Los piscianos vivencian ambos polos, ya que sólo quien sufre puede sentir auténtica compasión y empatía genuina por el dolor ajeno. Los dos peces del mito permanecen atados y no pueden separarse.  Es decir, el hijo (símbolo del ego-conciencia) no consigue tomar distancia de la madre (símbolo del mar inconsciente) y el mundo de ella se aparece caótico y desagradablemente sofocante para el individuo. Aun cuando esa reserva se encubra de intelectualidad o hiper-racionalidad, bajo la superficie descansa el envolvente e inasible océano de emociones que muchas veces actualiza la pareja cuando se hunde en el caos o en estados estáticos, conmoviendo al pisciano que pronto adopta el rol del salvador-enfermero, como los peces del Éufrates.

Sin embargo, esa nostalgia latente del mundo acuoso y de sus vastas profundidades puede convertirse también en un  poderoso aliciente creativo para el nacido bajo el signo de Piscis, ya que finalmente es el más capacitado para nadar en las aguas primordiales de la vida.

Agenda Astrológica 2004 de Paulina Peñafiel y Javier Ibacache

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