lunes, 20 de enero de 2014

Acuario - El robo de Prometeo

Hoy a las 0:52 AM, el Sol entra en Acuario (hora Santiago, Chile - 3:52 GMT)


La figura del aguador tomaba para los egipcios la forma del dios Hapi, con quien se relacionaba el signo de Acuario. La deidad vestía como pescador y habitaba en una caverna en la primera catarata del Nilo, cerca de Nun, el océano primordial, de donde vaciaba agua al cielo y a la tierra con sus jarrones. En Babilonia, se equiparaba con otra faceta del dios Ea, llamado también "Dios de los Ríos". Entre los sumerios de Mesopotamia, el Signo era una urna con agua, llamada Gu.

Para los griegos, el aguador era el príncipe Ganímedes, el muchacho más bello de su tiempo que fue raptado por Zeus para convertirlo en el copero del Olimpo. El dios adoptó la forma de águila, lo sedujo y lo condujo hasta lo alto ubicando su imagen entre las estrellas de la constelación de Acuario.

Acuario - Johfra Bosschart
Además del rapto de Ganímedes, el símbolo del aguador acuariano se vincula con el titán Prometeo y el robo del fuego del Olimpo.
Llamado también "el vidente" por su don de la profecía, Prometeo había creado con arcilla y agua a la raza humana a semejanza de los dioses, con la colaboración de Atenea, la diosa de la sabiduría, quien le había insuflado vida a sus figuras de barro.

Preocupado frente a los poderes y talentos de las criaturas recién modeladas, Zeus decidió afirmar su supremacía y les negó el fuego sagrado del Olimpo. Sin ello, los hombres estaban condenados a vivir como las demás criaturas de la tierra, comiendo carne cruda y ocultándose en cuevas.

Entonces Prometeo se valió de la ayuda de su protectora, Atenea, para llegar hasta la forja de Hefesto, el dios herrero, y robar el fuego -reflejo de la sabiduría- que luego entregó secretamente al ser humano en la forma de una antorcha.

Ultrajado por el robo, Zeus castigó al titán atándole con cadenas en lo alto de un precipicio en las montañas del Cáucaso. Un águila bajaría cada día a devorar su hígado que cada noche se regeneraba a fin de extender la tortura a lo largo del tiempo.

A su vez, el dios ordenó a Hefesto modelar una mujer que llamó Pandora y que más tarde envió a la tierra portando una caja con todos los infortunios que habrían de afectar a los mortales:  la Senectud, el Trabajo, la Enfermedad, la Locura, el Vicio y la Pasión.
Después de 30 años, el titán fue liberado por Hércules y recibió la inmortalidad gracias al sacrificio del centauro Quirón.

En tanto, la humanidad -que había sobrevivido a las plagas de Pandora dado que la caja también contenía Esperanza- adoptó el uso de anillos en recuerdo de la esclavitud de su creador.

La pauta de vida de los Acuario

Prometeo y el Fuego Divino
Buena parte de la biografía de los acuarianos se grafica en el acto de extraer agua de un pozo, que simbólicamente equivale a extraer de lo hondo del inconsciente un contenido.
La imagen del aguador representa el anhelo característico del Signo de compartir aquello que permanecía oculto con quienes están sedientos.

Internamente alude al ejercicio de robarle sabiduría al oscuro inconsciente para renovar la vida, como lo hace Prometeo al apropiarse del fuego sagrado.

La saga muestra el carácter filantrópico, el afán por crear progreso y el impulso innato de desafiar el orden establecido que identifica a los acuarianos más virtuosos, motivados en lo profundo por el mismo anhelo del titán:  tender un puente hacia lo divino a fin de trascender el origen animal.

En el rapto de Ganímedes a manos de Zeus este afán se limita al mundo masculino, ya que la unión del dios y el príncipe será fructífera mental y espiritualmente, mas no en la Tierra, dado que la vivencia acuariana parece conllevar un miedo profundo a lo irracional, lo instintivo y, por cierto, a la dimensión emocional de la experiencia. Así lo subraya la protectora de Prometeo, la diosa Atenea, nacida de la mente de Zeus sin que mediara una figura femenina en su concepción.

La lucha por la evolución que simboliza el aguador tiene consecuencias que el Titán padece encadenado en lo alto de la montaña, ya que en su genuino altruismo el acuariano desarrolla internamente una tendencia al auto-castigo, que deriva del miedo de actuar de modo egoísta.

Prometeo permanece en la soledad de las alturas, aislado de los hombres, materializando la condena del héroe que se anticipa a su tiempo al rescatar contenidos del inconsciente (como el fuego del Olimpo) que harán más sabio al colectivo, pero que los dioses habrán de castigar.

En ello hay una rebelión contra toda dependencia que cuando el acuariano la integra como herramienta, se transforma en el vehículo más apropiado para alcanzar  su ideal de libertad interior.

Agenda Astrológica 2004 de Paulina Peñafiel y Javier Ibacache

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